Wednesday, December 27, 2006

Los jinetes del apocalipsis

Maragall acusa a CiU de cobrar comisiones en la adjudicación de obras y Mas le obliga a rectificar

El president asegura que Jordi Pujol “se equivocó” nombrando a Mas como conseller en cap

BARCELONA.- Pasqual Maragall ha asegurado en el Parlament que el “problema” de CiU “se llama tres por ciento”, en una alusión a un supuesto cobro de comisiones en la adjudicación de obras, una acusación que el líder de CiU, Artur Mas, ha pedido que retire para no poner en peligro “la legislatura” y la reforma estatutaria.

El presidente catalán ha intervenido finalmente en el pleno monográfico dedicado a los desprendimientos del metro en el barrio del Carmelo y, tras una dura intervención del jefe de la oposición, que le ha requerido a participar del debate, Maragall ha afirmado que “hemos llegado al meollo de la cuestión: ustedes tienen un problema y este problema se llama tres por ciento”.

Esta afirmación, que en la cámara catalana se ha interpretado como una alusión a supuestos cobros en el pasado de comisiones en la adjudicación de obras públicas, ha sido finalmente retirada por el presidente de la Generalitat a petición de Mas porque “Cataluña tiene ante sí cuestiones muy importantes”, con una alusión directa a la reforma del Estatut, que necesita del aval de Convergencia.

La referencia de Maragall “al tres por ciento” en la adjudicación de contratos de obras públicas ha soliviantado a Mas, quien le ha contestado: “Usted ha perdido completamente los papeles”.

Mas ha recordado a Maragall que “no olvide” que, en los próximos meses, entre PSC y CiU “hemos de hacer cosas muy importantes al servicio de este país (…) y para ello es muy necesario que entre ustedes y nosotros siga existiendo un cierto círculo de confianza política, que no es de amistad, de intentar hacer cosas juntos al servicio de nuestro país. Le pediría que no se rompa”.

“Pero con su última intervención esto se rompe definitivamente. Usted manda la legislatura a hacer puñetas, supongo que es consciente”, ha señalado Mas, quien finalmente ha pedido a Maragall que “retire su expresión (sobre el tres por ciento) y podamos restablecer este mínimo de confianza que el país necesita”.

Rectificación de Maragall

Ante la amenaza de romper el consenso para reformar el Estatut, Maragall ha accedido a “atender la demanda” de Mas, aunque, ha añadido, “lo hago por una sola razón, que interesa mucho al país, y es que Cataluña tiene de ahora en adelante cosas muy importantes que hacer, y espero de usted y de su grupo que estén en condiciones de cumplir su parte de obligación en los meses que vendrán, en los que se jugará el Estatut de Cataluña, la Constitución Española y, en buena medida, nuestro futuro”.

Mas ha agradecido “esta rectificación”, de la que ha dicho que es “buena” y “no humilla en absoluto” al presidente catalán, aunque ha insistido en que “si en algún momento ustedes tienen alguna sospecha de lo que sea, hagan el favor de hacer aquello que se ha de hacer, vayan a los tribunales y presenten las demandas que hagan falta”.

“Pero dejen de extender por todas partes la sombra de la sospecha, porque ustedes no lo pueden hacer por trayectoria y no lo han de hacer sobre todo mirando hacia el futuro”, ha agregado.

Antes de este rifirrafe dialéctico, Mas había retado a Maragall a romper su “silencio absolutamente protegido” en la sesión de este jueves y a subir a la tribuna de oradores para “ratificar lo que dijo el miércoles de que todo esto es culpa de CiU y que nosotros tenemos la desvergüenza de querer que ustedes, pobres angelitos, asuman las responsabilidades de estos demonios con cola que era la gente de CiU”.

Maragall, que ha asegurado que Jordi Pujol “se equivocó” nombrando a Mas como conseller en cap y “lanzándolo como candidato”, ha accedido a intervenir en el pleno y ha acusado al presidente de CiU y al portavoz de su grupo, Felip Puig, de “falta de respeto” y de “malicia”.

“Ustedes se han sentido atacados por una acusación que de alguna manera ven como verídica, porque si no, no se entendería el tono de su intervención”, ha apuntado Maragall.

Ofendido, el presidente catalán ha denunciado que CiU “ha roto una regla, que en este Parlament se había respetado siempre, que era el respeto entre diputados y al presidente de la Generalitat, y esto algún día les pasará factura”.

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El tres por ciento del silencio

Corrupción, 3%, la ley del silencio

Maragall a CiU: ustedes tienen un problema y este problema se llama tres por ciento

“Hemos llegado al fondo, de la cuestión: ustedes tienen un problema y este problema se llama tres por ciento”. En el debate parlamentario del 24 de febrero de 2005, Maragall acusaba de corrupción a CiU por cobrar comisiones, que llegaban incluso a superar el 20%, a las constructoras a las que se adjudicaban las obras de la Generalitat.

Pero Maragall, con la misma rapidez con la que intentó apartar su responsabilidad por los hundimientos del Carmelo poniendo al descubierto la corrupción generalizada en la administración autonómica, se apresuró a echar tierra sobre el asunto ante las amenazas de CiU.

Artur Mas amenazó con romper el consenso para reformar el Estatuto. Y Maragall retiró sus acusaciones, “por una sola razón, para que CiU cumpla su parte en la negociación del Estatuto”. ¿Qué importaba la corrupción? ¿Qué importaba la extorsión con comisiones ilegales destinadas a financiar a los políticos y sus partidos? ¿Qué importa el destino de los ingentes recursos que maneja la Generalitat, aunque Cataluña sea una de las comunidades que, proporcionalmente al PIB, menos dinero gasta en servicios sociales, sanidad y educación; mientras entierra cientos de millones en subvencionar los agujeros negros de sus aparatos de propaganda en la radiotelevisión catalanas?

Desde entonces los cuatro partidos implicados en la elaboración de este Estatuto, con Maragall y Mas a la cabeza, la vergonzosa complicidad de los dirigentes de ERC e ICV, y el apoyo de los medios de comunicación catalanes, han establecido un pacto de silencio para ocultar la corrupción. Como una auténtica mafia, la “omertá” o ley del silencio sigue funcionando para salvar un Estatuto hecho a medida de sus intereses, de una casta enquistada en los entresijos del poder autonómico.

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Que nadie hable, ya que se puede tirar de la manta.

El Juzgado de Instrucción número 3 de Barcelona investiga el presunto cobro de comisiones ilegales en la adjudicación de obras de reforma de pisos por la empresa pública de vivienda de la Generalitat -Adigsa- en la última etapa de gobierno de CiU.
El caso ha tenido una amplia repercusión política, ya que lo abrió la Fiscalía después de que el presidente catalán, Pasqual Maragall, aludiera en el Parlament al presunto cobro de comisiones por parte de CiU cuando aseguró: “ustedes tienen un problema que se llama tres por ciento”.
La querella, presentada por la Fiscalía, se dirige contra el ex presidente de Adigsa, Ferran Falcó, y Josep Anton Fontdevila, ex consejero delegado, ambos militantes de CDC, así como contra seis constructores e intermediarios.
El juez instructor ha tomado ya declaración a los ocho imputados por el caso Adigsa -entre ellos al constructor denunciante José Antonio Salguero- y ahora está interrogando a los testigos.
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Todo pasa y todo queda, pero lo suyo es robar y manipular.

¿QUÉ FUE DEL TRES POR CIENTO A LA CATALANA?

Permalink 20.10.06 @ 00:48:22. Archivado en Es España, oiga

Si así va a ser toda la campaña electoral catalana vamos a salir nadando en un mar de lágrimas. Todavía no tengo claro si lloraremos de pena o de risa. O de vergüenza ajena. Pero lloraremos, seguro.
Me da pena la izquierda que fue un referente ético cuando uno era un joven crédulo e infeliz. Aquella misma izquierda que según sus mejores ofertas pretendía un mundo de hermandad y justicia no ha tenido mejor idea que regalar condones para animar a los votantes catalanes a “follarse a la derecha”. Qué pena, cómo se estropean las mentes con el paso de los años, que hay que reconocer que la frase es de un viejo machista, agresivo, trasnochado y casposofranquista que asusta. Casi tanto como Putin y su admirado presidente de Israel, el violador múltiple. Qué tiempos aquellos en que las posturas de la izquierda eran mojones en el camino de la ética política y colaboraban a la justicia social, animaban al inconformismo, buscaban la igualdad del ser humano…
¡Ay, aquella Cataluña de principios de los ochenta! ¿Quién fue el inventor de esa popular mentira que decía que Cataluña era el oasis pacífico de la agresiva y crispada política española? ¿Qué premio le podríamos dar? ¿El Nóbel a la mayor imaginación o el Óscar al mejor guión de ciencia ficción? Se le queda corto, porque después de las agresiones al PP en Martorell y la bronca-boicot que se llevó Carod por parte de unos “borrokas” (de ultraderecha, como todos los borrokas) vino el ataque al autobús del PP. Por cierto, que en este caso hay que recordar cómo se parecen los extremos. El fascismo de Franco que otorgaba carnés de buen español a los que aceptaban en silencio su dictadura y privando de él a quienes se rebelaban es asombrosamente parecido al matonismo de aquellos que pintaron “No sois catalanes” en el autobús atacado al PP. Otros que otorgan el carné de buen catalán. ¿No son como Franco? Y anda que no queda campaña para que sigan surgiendo tantos inmoderados incidentes provocados por exaltados políticos… o sus esposas (Un recuerdo especial a la delicada señora de Carod, menudo ejemplar)
Qué tiempos aquellos en que los partidos hablaban de sus cosas propias, criticaban la situación políticas… y explicaban su programa. No parece que esta campaña de videos y preservativos vaya a ir por esos derroteros. La verdad es que ésta como las últimas campañas dan ganas de emigrar a Botswana estos próximos quince días.
Mira, si estuviésemos en ese estupendo país africano, seguro que lo es, no nos habríamos ruborizado al ver la astracanada de Artur Mas firmando ante el notario su compromiso de no pactar con el PP. ¿Ante notario? ¡Señal evidente de que sabe que al votante no le basta su palabra! ¿Por qué?Y sin embargo la estupidez colectiva que infecta a los políticos en campaña hará que nadie hable del hundimiento del Carmelo y de aquel famoso tres por ciento, la tercermundista “mordida” mejicana trasladada a la civilizada, progresista y ultramoderna Cataluña. ¿Por qué no nos lo explican todo, nos lo cuentan todo y nos lo aclaran todo? Nos gustaría saber quién, cuándo, cómo y por qué, pero los muy puñeteros nos lo ocultan, no, de eso no hablarán, no. Por la cuenta que les tiene.
Acabaremos llorando, ya veremos si de risa, pena o vergüenza ajena. Pero lloraremos.

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Se creen los dueños del pensamiento de todos los catalanes

Tres por ciento
XAVIER MAS DE XAXÀS |  25/02/2005 - 08:41 horas
Escribo en el salón de casa, pasada la medianoche, sin querer esperar a mañana, sin querer leer y escuchar lo que otros van ha decir. Mañana será de las teorías y las justificaciones. Alguien tendrá que dar con el sentido perfecto y recomponer el paisaje. Pero hoy, ahora, en este instante, no tenemos más remedio que vivir con lo puesto, con lo que hemos tenido y nos han quitado.

Hoy ha sido un día muy triste para Cataluña. Hemos sabido que todo es mentira. Hemos constatado lo que siempre se sospechó. No hi ha un pam de net. No hay ni un palmo limpio. Hemos tocado fondo. El último ideal ha caído víctima del cinismo.

El president de la Generalitat, Pasqual Maragall, ha acusado a Convergencia i Unió (CiU) de robar al pueblo de Cataluña. Lo ha dicho en el Parlament, durante la sesión extraordinaria sobre el Carmel. Artur Mas, el líder convergente, le había atacado con mucha violencia. Maragall estaba ofendido. Consideraba que Mas le había faltado al respeto. Mas había ido a por todas. Está en la oposición y es norma que la oposición dé tanta caña como pueda para recuperar el poder. No hay límites. Todo vale.

Maragall le ha dicho a Mas que durante los 23 años de gobierno de Jordi Pujol, la Generalitat encarecía las obras públicas para financiar a CiU. “Su problema es el tres por ciento”. Tres por ciento de comisión. La cifra parece, incluso, baja. Tenía entendido que solía rondar el 10%. No importa. Está claro que los costes se abultaban para incluir la comisión correspondiente. La obra pública, la que se paga con impuestos, se encarecía para pagar las cuentas del partido en el poder. Es una práctica habitual en toda España. Lo hace el Gobierno central y lo hacen también las comunidades autónomas, aunque apenas hay pruebas. Maragall no ha aportado ninguna. Ha expresado lo que todo el mundo intuye, pero nadie demuestra.

Mas ha respondido con rabia. Si Maragall no retiraba sus palabras, “la legislatura se va a hacer puñetas.” El Govern necesita el apoyo de CiU y del PP para aprobar el nuevo Estatut. De él depende el futuro de Cataluña a largo plazo. Mas, ofendido porque Maragall ha llamado ladrón a Jordi Pujol, antepone los intereses de su partido al proyecto colectivo. El honor ante todo. Si usted me devuelve la honra yo le presto mi apoyo para construir el futuro. Si no me restituye, Cataluña naufraga.

Maragall ha hecho lo que Mas le pedía. ¿Y qué? Todo el mundo le había oído. Retirar formalmente una afirmación como esta no significa dejar de creer que es cierta.

Tenemos la clase política que nos merecemos. Es reflejo de nuestro hundimiento. Miguel Delibes nos aconsejaría tomar una copa y luego otra. Alcohol para imbuirnos la impresión de que la vida no pasa sobre el hoyo en que nos pudrimos sin advertir que existimos. Que al menos se entere de nuestra decrepitud.

Necesitamos una segunda transición, una que nos lleve a un mundo más feliz y real. Necesitamos unos medios de comunicación capaces de exigir a nuestros gobernantes la máxima honestidad, aún en los momentos más difíciles. ¿Cuántas infraestructuras se han dejado de hacer o se han pagado más caras por culpa de la corrupción política? ¿Cuántos pacientes han muerto por falta de una adecuada inversión sanitaria? ¿Cuántas personas han muerto en el Eix Transversal por no ser una autovía? ¿Soy un demagogo por plantear estas cuestiones? Todo el mundo entiende que un 3% de comisión en la prolongación del metro repercute, de una forma u otra en las listas de espera en San Pau.

Cataluña ya no tiene tanto seny ¿Dónde estás Hamlet?

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Nadie se atreve a poner el cascabel al gato.

El tres por ciento

Resulta ciertamente conmovedor cómo la derecha ha cerrado filas ante el ataque razonable –pero quizás inoportuno- del Presidente de la Generalitat, Pascual Maragall, en un debate extremadamente mezquino, en el que los causantes del desastre –la corrupción convergente- pretendían pasar factura al Presidente que está tratando de limpiar la Generalitat de variaas décadas de nepotismo y amiguismo. Y los buitres del PP, como siempre, revoloteando en torno a los cadáveres, por si se llevan una molleja o algo en el pico maloliente. Eso sí, disfrazados de gaviotas, que como todo el que provenga del litoral sabe, son unos pájaros extremadamente traicioneros.

Todos sabemos que las legislaturas de Gobierno de Jordi Pujol han sido, probablemente, las más corruptas que ha conocido cualquier gobierno en España, de la que Cataluña forma parte. El tres por ciento. Hoy sabemos por El País –es mentira, por lo tanto, ya que procede del órgano del malote Polanco- que un grupo de nueve constructoras de capital u origen catalán –en algún caso, incluso de obediencia convergente- se han llevado el 70 por ciento de las contratas de la Generalitat durante la última legislatura nacionalista, entre las cuales estará, supongo –creo que lo le leído- la que se encarga de la ampliación del Metro de Barcelona, y que ha causado el desastre de El Carmel.

Una de las primeras cosas que hizo el gobierno del tripartito, después de resistir los ataques miserables de la derecha ultramontana, y los irrazonables de la izquierda idiota, fue intentar introducir un poco de limpieza en el sistema de licitaciones para garantizar la libre concurrencia, y no fuesen “los de siempre” los que se lo llevaran todo. Esto es ya de por sí de izquierdas. Como dije al principio, en este panorama, resulta conmovedor observar como la derecha nacionalista española y la derecha nacionalista catalan se han dado cuenta de que sus intereses son los mismos –ambas son derechas excluyentes- y están actuando de manera conjunta y coordinada contra el gobierno de la izquierda plural. Veremos dónde acaba todo esto…

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Todos nos roban el tres por ciento (¿seguro que solo es eso?)

El pleno del tres por ciento
LLUÍS FOIX  | 24/02/2005 - 21:08 horas
El pleno para debatir el siniestro del Carmel se ha convertido en el pleno de las comisiones del tres por ciento en la obra pública en Catalunya. Lo ha dicho el president Maragall en sede parlamentaria y en pleno rifirrafe político con Artur Mas, el líder de la oposición y ex conseller en cap del último gobierno Pujol.

El president Maragall consideró haber llegado al meollo de la cuestión y dijo al líder de CiU que ¿ustedes tienen un problema y este problema se llama tres por ciento¿. Toda la cámara entendió que Maragall se refería a supuestos cobros de comisiones de los anteriores gobiernos en las adjudicaciones de obra pública. Una acusación de este calibre no podía pasarse por alto y cambió el fondo y la forma de un debate que estaba destinado a hablar del Carmel.

Respondió Mas con vehemencia diciendo que Maragall había perdido los papeles. Dijo lo siguiente: ¿Catalunya tiene ante sí cuestiones muy importantes y para ello es muy necesario que entre ustedes y nosotros siga existiendo un cierto círculo de confianza política, que no es de amistad, de intentar hacer cosas juntos al servicio de nuestro país. Le pediría que no se rompa. Pero con su última intervención esto se rompe definitivamente. Usted manda la legislatura a hacer puñetas, supongo que es consciente¿.

La bomba del tres por ciento se arrojó en medio de la cámara con acusaciones que hay que probar pero que están formuladas en sesión parlamentaria. Maragall respondió que retiraba la acusación ¿por una sola razón, que interesa mucho al país, y es que Catalunya tiene de ahora en adelante cosas muy importantes que hacer, y espero de usted y de su grupo que estén en condiciones de cumplir su parte d obligación en los meses que vendrán, en los que se jugará el Estatut de Catalunya, la Constitución española y, en buena medida, nuestro futuro¿.

El resto del debate pasó a segundo término. El oasis catalán se rompía a pedazos ante un pleno parlamentario. A pesar de la retirada de las acusaciones y a pesar de querer trabajar juntos por el bien del Estatut, me atrevo a vaticinar que no habrá Estatut en esta legislatura, que se convocará anticipadamente a los ciudadanos a las urnas y que lo que queda del mandato del gobierno tripartito será muy tenso.

Si no se prueban las acusaciones sobre comisiones del tres por ciento en obra pública el president Maragall habrá demostrado que es un temerario. Pero si fueren ciertas, hay que dilucidarlas, cueste lo que cueste, tengamos o no tengamos Estatut o financiación, nos guste o no nos guste.

Un Estatut que estuviera pactado con silencios cómplices entre los dos partidos principales del país no tendría un recorrido largo. Nacería con deficiencias congénitas, insuperables, y no sería aceptado por la mayoría de ciudadanos del país.

Acusaciones públicas del president Maragall sobre comportamientos fraudulentos de anteriores gobiernos no pueden dejarse de lado. Están hechas y constan en acta. Se pueden retirar. Pero no a cambio de la aprobación del Estatut. Tiene razón Carod-Rovira al decir que ¿el Parlament no puede tolerar la más mínima expresión por parte de nadie que pueda ser interpretada como una amenaza, un silencio, una acusación, una disuasión o un pretexto… como moneda de cambio ante la elaboración del Estatut¿.

Josep Piqué lo expresó con un sarcasmo sutil al referirse que inventamos un Fòrum para cambiar el mundo y quizás deberíamos haber empezado por cambiar nuestro país.

En el fondo de esta nueva crisis política se encuentra una práctica perversa que afecta a muchos partidos políticos en todas las democracias europeas. Se trata de la financiación irregular de los partidos políticos. El que se sienta libre de culpa que arroje la primera piedra. La confianza entre la clase política y los ciudadanos quedó muy perjudicada.

http://foixblog.blogspot.com

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Encima de mal gobernarnos, nos roban para sus intereses

Un tres por ciento no explicado

Lo ha dicho Maragall. CiU tiene un problema y este problema se llama tres por ciento. La insinuación fue recogida con vehemencia por Mas que le pidió que la retirara. Y Maragall la retiró por el bien del Estatut y de Catalunya. Tirar la piedra y esconder la mano no se puede hacer en el Parlament y ante las cámaras de televisión. La piedra ha empezado a rodar y baja por la pendiente. Muchos catalanes se preguntan ahora: ¿qué es eso del tres por ciento? Y lo querrán saber. Y habrá que probar quién lo recibió y quien lo entregó. Sobre silencios cómplices no se puede construir el futuro. Y si no fuera cierto, Maragall tendrá que sacar las consecuencias por haber hecho insinuaciones falsas.

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El tres por ciento


Juan Francisco Martín Seco
Estrella Digital. España, marzo del 2005.


Envolverse en una bandera como mecanismo de defensa venía siendo hasta ahora privativo de los movimientos nacionalistas. Cualquier ataque a CiU o al PNV se interpretaba como una ofensa a Cataluña o al País Vasco. Pujol fue uno de los primeros en utilizar tal subterfugio en el caso de Banca Catalana, y ahora su discípulo Mas no ha dudado en emplearlo de nuevo ante la imputación de que su formación política estaba implicada en el cobro de comisiones por obras públicas. Pero en Cataluña parece que todos son nacionalistas, porque también Maragall pone a la institución como escudo en una querella que sólo va contra su persona. No veo yo por qué los presidentes de las Comunidades Autónomas no van a tener que responder ante los tribunales como cualquier ciudadano. Para irresponsable, penalmente se entiende, ya tenemos bastante con el coronado.

Lo cierto es que tal vicio se ha debido de generalizar, señal de lo útil que resulta practicarlo, porque en Madrid (donde no somos, creo yo, demasiado nacionalistas) Esperanza Aguirre también utiliza como escudo a la institución y cuando Eurostat descubre el pufo de Mitra -difícilmente se puede aceptar que su endeudamiento no es endeudamiento de la Comunidad- lo interpreta como manía persecutoria de Zapatero a la villa y corte. La generalización se ha hecho tan amplia que ha trascendido los límites de lo político para adentrarse en el sector privado, y llegar a espacios tan prosaicos como el financiero. Allí también se sacan las banderas a pasear y las imputaciones a Francisco González se consideran imputaciones al BBVA, y cuando procesan al señor Botín parece que es al BSCH al que procesan. El beneficio más inmediato de tal hipóstasis es la de utilizar los inmensos medios de las instituciones para defender a sus gestores.

Pero si algo enseña “el tres por ciento” es que tanto en el sector público como en el sector privado los intereses de los gestores no se identifican con los de las instituciones que presiden y que los mecanismos a disposición de los presidentes, bien sean de una Comunidad o de una multinacional, para obtener beneficios propios a costa de la entidad que presiden son múltiples y variados. El riesgo siempre persiste, pero será tanto menor cuanto más reglados estén los procedimientos y más estrictos sean los mecanismos de control. Al unísono de la ideología neoliberal se ha ido generando una mentalidad en la Administración que, con la excusa de la eficacia, ha despreciado todos estos instrumentos considerándolos retardatarios y colocando como ideal y espejo el modo de gestionar -se dice- de la iniciativa privada. El resultado no puede ser otro que aumentar las posibilidades de corrupción. Cataluña ha sido siempre pionera en eso de desdeñar los procedimientos administrativos y de adoptar métodos privados de gestión.

Las señales de alarma han sonado a menudo en el sector de la construcción, bien sea en la recalificación del suelo, bien en la obra pública. Y es que es mucho el dinero que se maneja y bastante elevado el grado de discrecionalidad de que se goza a la hora de decidir. Todos los alcaldes tienen vocación de arquitectos. Las obras públicas se multiplican, y uno no sabe muy bien si se hacen porque se necesitan o porque hay que dar de comer a los constructores; eso sí, previo pago de las correspondientes comisiones. Las zanjas se abren y se cierran en una serie sin fin. Los scalextrics se ponen y se quitan. Y curiosamente la única partida que sale bien librada en la cruzada que ha emprendido el neoliberalismo económico contra el gasto público es la de las inversiones en ladrillos.

Las alarmas han sonado con frecuencia, pero siempre se han tapado bajo un manto de complicidad y silencio. Se dice que en Cataluña era de todos conocido, pero nadie lo ha denunciado nunca. Se cubrían mutuamente y, sobre todo, se salvaguardaba la institución. Esto quizás explique la indignación de los convergentes. Este presidente es un insensato, en un momento de calentamiento se ha cargado las reglas del juego, la legislatura, que ha dicho Mas. Ha puesto en crisis el chiringuito. Con lo bien que les iba echando después la culpa de su deuda al Estado central.

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El tres por ciento no existió
LLUÍS FOIX  | 25/05/2005 - 20:10 horas
Hay que aceptar como válidas las conclusiones de la comisión del Carmel que provocaron una grave crisis en el gobierno tripartito. La investigación reparte las culpas del hundimiento de edificios que afectaron a unos mil vecinos entre las empresas, el actual gobierno y el anterior. No se ha podido acreditar el cobro de comisiones por adjudicar obras y se recomienda la eliminación de las donaciones anónimas a los partidos políticos.

Políticamente no ocurrió nada grave. Las responsabilidades por el hundimiento del túnel de maniobras del Carmel recaen sobre el ex director de Puertos y Transportes, Jordi Julià, y el ex presidente de GISA, Ramon Serra, ambos cesados en plena crisis a pesar de que el conseller Nadal, responsable político de las obras de la Generalitat, declaró que pagaban justos por pecadores.

Entendimos que los dos ceses eran una consecuencia de la presión de la opinión pública en espera de que se descubrieran responsabilidades de más alto rango político. No ha sido así y posiblemente no se habría cesado a nadie si no hubiera existido la presión para poner en bandeja con urgencia a dos responsables de las obras.

No alcanzo a entender la magnitud de la crisis de hace tres meses. A juzgar por las conclusiones de la comisión hay que admitir que el president Maragall se precipitó al lanzar sobre la cara de Artur Mas que su partido tenía un problema y que ese problema se llamaba tres por ciento.

¿Una tormenta en un vaso de agua? ¿Una crisis virtual? ¿Una ocultación de datos para que la responsabilidad quede diluida entre muchos y que no se pueda pedir cuentas a nadie? Las casas se hundieron, dice el informe, por la falta de estudios geológicos y por la impericia de las empresas que no garantizaron la seguridad de las obras.

No pretendo pedir responsabilidades políticas a nadie si la comisión que ha trabajado a lo largo de dos meses no las ha encontrado. Lo que no entiendo es la magnitud de la crisis que deterioró la imagen del tripartito. El presidente de la comisión, Joan Boada, ha mostrado su satisfacción por las conclusiones que “colman las demandas de información” de los ciudadanos. Ha precisado el señor Boada que las comisiones de investigación “sirven de mucho”.

Las conclusiones han sido aprobadas por todos los socios del tripartito. El representante de CiU sanciona el 95 por ciento de las conclusiones, exceptuando las de la donaciones anónimas a los partidos. El Partido Popular ha votado en contra en su totalidad precisando que se “trata de una tomadura de pelo” y acusando al resto de formaciones de firmar un “pacto para taparse las vergüenzas”.

Es la percepción que puede tener buena parte de la ciudadanía que no acaba de entender que la gran crisis del tres por ciento acabe en unas conclusiones en las que nadie sale damnificado. No sé cuál ha sido la actitud del Partido Popular en los trabajos de la comisión. Pero que los tres socios del tripartito hayan tildado al PP de frívolo, de demagogia y de boicot a la comisión no lo va a entender la gente.

Si el tres por ciento no existió, en qué consistió la crisis. Si interpreto bien las conclusiones fue una colosal metedura de pata del president Maragall. Habría que decirlo.

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